Antonio Di Pietro, juez y candidato (Lapresse)Pues sí. Y en realidad no ha sido una gran sorpresa. La irrupción de la magistratura, las detenciones, algunas de personajes y personalidades entra la empresa y la política, y el llamado “ruido de las esposas” (las de las muñecas, naturalmente…) ha vuelto a calentar una campaña electoral italiana. Y a recalentar un debate nunca enfriado,
el del protagonismo y del supuesto peso de los jueces en una, otra vez, supuesta estrategia para
alterar el curso de unas elecciones democráticas. Desde los tiempos de la caída de la Primera República, las investigaciones, detenciones en cadenas, suicidios de imputados, condenas y también muchos sobreseimientos, es
difícil concebir el juego político italiano sin detenciones, interrogatorios, faldones, escuchas, togas y puñetas.
Hay quien evoca Tangentopoli, ese convulso periodo en el cual la procesión entre domicilios y detenciones, palacios de justicia e interrogatorios, cárcel y reclusión, era la constante apertura de los telediarios y las imágenes de gente conocida, esposada, abría las portadas de los periódicos. “Tangente” es en italiano lo que en México se llamaría “mordida” y en España a lo mejor es “apoquinar bajo cuerda”. Estamos hablando de corrupción, claro. De dinero que corre, en la sombra y en maletines y sobres, entre empresas y partidos, entre empresarios y financieros y políticos.
Aunque en Tangentopoli - que hizo famosos a unos cuantos magistrados, entre ellos al implacable y muy criticado juez Antonio Di Pietro, hoy de capa caída con su pequeña fuerza política por historias de dinero no muy bien aclaradas – no se trataba exclusivamente de dineros para fines personales. Ahí la mayoría de los casos afectaba a la ilícita financiación de las partidos políticos, una vía de recaudación que afectaba a diestra y siniestra, casi un sistema institucionalizado.
Ahora también se habla de lo mismo. Y los jueces, siempre en el candelero, sobre todo algunos grupos e individuos con fuerte personalidad y acentos cercanos a ideologías concretas, mayoritariamente de izquierdas pero no sólo, son otra vez protagonistas. Y no falta la sospecha y la acusación recurrente de que unos cuantos “activan” con un sincronismo perfecto investigaciones que a lo mejor llevaban años “in progress” o durmiendo un plácido letargo. Es decir, la insinuación - y es sobre todo Berlusconi el que la formula, pero no el único - de que acusaciones, detenciones y otras actuaciones de la justicia tienen más que ver con el calendario político que con la natural evolución de las pesquisas.
Algo huele a podrido en el banco más antiguo

La venerable sede del Monte dei Paschi di Siena. REUTERS/Stefano RellandiniParalelamente, según avanza esta campaña electoral, el escándalo, las investigaciones y las detenciones de implicados en las investigaciones sobre las graves dificultades del banco en ejercicio más antiguo del mundo, el
Monte dei Paschi, ha proyectado duras sombras sobre el control político. En este caso,
el control que siempre ha ejercido la izquierda italiana, con sus sucesivas denominaciones y hoy como PD, el Partito Democratico liderado por
Pierluigi Bersani.
Pues mientras ahí, en su sede de la bella ciudad toscana de Siena, se investigaba y se investiga sobre operaciones de dudosa naturaleza y de grandes agujeros financieros, a lo largo del país se detenía a ilustres dirigentes de la entidad. Como el ex director financiero del banco, Gianluca Baldassarri. Y la campaña electoral volvía la mirada hacia una izquierda que negaba el padrinazgo afirmando que «nosotros somos políticos, no banqueros».
Una tormenta ha sacudido gigantes “de Estado” como
Finmeccanica y
Eni, un buen número de emprendedores y el tercer banco italiano. Y todavía tendremos que ver muchas más actuaciones sobre varios escabroso asuntos. Pero no podía ser ese el único caso de actuación “espectacular” de la justicia. Otros jueces han mirado cerca y también más lejos, nada menos que a la
India. Porque han “resucitado” algo que supuestamente ocurrió hace ya bastante tiempo,
la venta de helicópteros militares a las fuerzas armadas de la potencia asiática, por parte de Finmeccanica, importante grupo de alta tecnología y de armamento de las participaciones estatales italianas.
Estamos de lleno en el progreso de las actuaciones pero mientras tanto ya ha sido descabezado el grupo y detenido entre polémicas su presidente y consejero delegado, Giuseppe Orsi. La acusación es de haber pagado “tangenti”, es decir comisiones, a personajes de varios países que habrían favorecido la venta de los aparatos. En sus escritos, el juez que investiga afirma que esos pagos, posiblemente también en África y en Brasil por otras ventas, era una "filosofía empresarial". Y mientras la política se interroga, se preocupa por el futuro de las empresas públicas, y también polemiza, hay quienes afirman que así funciona el mundo y que los jueces dinamitan la economía del país.
También hay polémica, aunque arrastra meses, por el pulso político-judicial-sindical en Taranto, la ciudad del sur en la que tiene su principal sede el gran complejo metalúrgico Ilva, paralizado por una contaminación y violación de leyes medioambientales que ahonda sus raíces en décadas. Y ahí están en juego por un lado la salud de una ciudad, por otro la economía de la misma y la suerte de miles de trabajadores y sus familias.
El pulso es intermitente. Los jueces son inflexibles en la proclamación de su propia autonomía y los políticos, nacionales y locales, se enzarzan en un debate cruzado intentando una difícil conciliación entre respeto de las leyes, autonomía de la justicia y salvaguarda de un polo económico e industrial, toreando al mismo tiempo las legítimas reivindicaciones de trabajadores que ven peligrar su futuro, además del futuro de toda un territorio.
Candidatos con toga
Antonio Ingroia (LaPresse)Otra vez la “interferencia” de la magistratura en tiempos electorales. Una constante en Italia, un conflicto abierto desde hace muchos años y agudizado sobre todo por el pulso que con la magistratura, que define “de izquierda”, mantenido sobre todo por el ex presidente del gobierno, Silvio Berlusconi con varios jueces de diferentes lugares del país. Pero si Berlusconi es el que más entra en conflicto, no es el único político italiano que mira a ciertos sectores de la judicatura como a unos justicieros que golpean estratégica y oportunamente según marque el calendario político. Es decir, que actúan políticamente con medios judiciales abusando de su poder.El “problema”, o mejor dicho el debate sobre ciertas actuaciones judiciales tiene luego un ulterior acento sobre la decisión de desembarcar directamente en el ágora política por parte de jueces que se han labrado su popularidad a través de investigaciones sonadas, polémicas y que han tenido que ver directamente con investigaciones en al ámbito de la política local o nacional. Dos casos sirven para ofrecer ejemplos.
Por un lado el juez Antonio di Pietro, en su tiempo justiciero de las polémicas investigaciones de “Mani Pulite (Manos limpias) que provocaron el paso de la primera a la segunda república con Tangentopoli. Un hombre que fundó un partido populista y justiciero y que después de unos cuantos años navegando entre acentos de antisistema y acomodación a su nuevo status, ahora está algo de capa caída por las acusaciones de haberse beneficiado, él y su propia familia, del dinero y propiedades que tendrían que ser de su partido.
El otro personaje es
Antonio Ingroia, fiscal de Palermo titular de investigaciones sonadas, con implicaciones políticas y de políticos, que ahora afirma querer hacer limpieza con una formación de extrema izquierda creada alrededor de su propia persona. Y con una peculiaridad. Ingroia ha afirmado que se ha metido en política sin dejar la magistratura, dejando entender que si le sale mal la jugada, vuelve a los tribunales y a las investigaciones. Algo que las leyes permiten y que, sin embargo no ha gustado nada. Esta vez ni a derecha ni al centro, pero tampoco a la izquierda.
«Pleitos tengas… y los ganes». Recordando la vieja maldición gitana, el escritor Andrés Cárdenas, granadino de adopción y que del mundo calé podría disertar hasta en arameo, ponía el acento sobre el repelús que provocan las togas en esa etnia, sean togas de jueces o de abogado. Porque quien se mete en pleitos o tiene que ver con la justicia, al final siempre sale pagando o todo el pato o por lo menos una de sus alas. Y añadía, socarrón, recordando esa anécdota de la mujer de un abogado que preguntaba qué tal iba la cosa al marido, que llevaba el litigio de dos gitanos a cuenta de un burro. El consorte, seguro de lo que decía, le contestó: «Tranquila, cariño, el burro ya es nuestro».
Pues ese es el clima. Que las actuaciones de ciertos sectores y de ciertos representantes de la justicia estén avocadas a quedarse con algún que otro burro, gracias a sus actuaciones calculadas. Y los burros, en esas situaciones, serían dividendos ideológicos y políticos. Una demostración de fuerza y de poder, con posible desvío de la voluntad popular en las urnas. Sólo son sospechas, naturalmente. Pero algo, o mucho, queda.
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